miércoles, 5 de septiembre de 2012

Aquella Bogotá nocturna


Por: Catalina illera


“No hay mejor lugar que Bogotá para uno salir a rumbear, a divertirse, a tomarse unos tragos.” Esta frase empezó a resonar en mi cabeza, una y otra vez, mientras caminaba, junto con mi familia, por el famosísimo Parque de la 93.

Aquella respuesta se la escuché decir a una amiga caleña después de preguntarle cómo la había pasado aquí en la capital.  Y no es la primera vez que me dicen lo mismo. 

Cada vez que voy a Cali, algún primo o algún conocido me pregunta: “cata, es verdad que por allá se rumbea buenísimo” y mi respuesta, desde hace algún tiempo, ha sido guardar silencio y cambiar, sutilmente, el tema de la conversación.

Mi familia y yo salíamos de comer una exquisita hamburguesa en el “Corral Gourmet” y nos disponíamos a caminar de regreso a casa, que quedaba a tres cuadras del parque.

No era sino salir del restaurante y ya se podía vislumbrar, evidentemente, esa Bogotá nocturna de la que todo el mundo habla, de la que todo joven anhelaría ser partícipe: discotecas y bares con música a todo volumen, uno no sabe qué ritmo pertenece a qué lugar porque todo se combina, hay de todo para bailar; conciertos en vivo; promociones increíbles de pague uno y tome dos, en fin. Componentes que “supuestamente” adornan la noche y la convierten en un espectáculo de cada viernes y sábado.

Durante mi caminata, mi mirada se enfocó en cada paso que daba, parecía un ganso andante, con el cuello inclinado hacia abajo, hacia el asfalto. Pero mis oídos, por más que intentaba distraerlos, capturaban el canto del borracho, el murmullo exagerado del parche de 10 amigos o más, el ritmo del vallenato, del reguetón y del merengue.

Mientras escuchaba toda esa mescolanza sonora, pensé: “definitivamente Bogotá no cambia, uno es el que cambia”, e inmediatamente me situé en el 2008. Era, en mi vago concepto, la época de “la eterna juventud, divino tesoro”.

Me veía allí, parada en la entrada del “Salto”, fumándome un cigarro y pidiéndole a mis amigos más “guaro”. Me veía bailando reguetón hasta que la planta del pie se me cansara o hasta que la rasca no me dejara demostrar mis dotes bailarines que siempre me caracterizaron. Me vía socializando con el mundo entero y escuchando a mis amigas diciendo: “cata vos sos una risa, sos lo máximo”. Me veía como la fan numero uno de ese mundo tan idolatrado.

Mi mente regresó. Mis ojos se aguaron, seguía con la mirada en el piso. No podía creer cómo ese mundo nocturno, que para millones de personas seguía siendo fascinante y divertido, para mí ya no significaba nada.

Hoy todo es distinto. Ya esa Catalina mundana, parrandera, fumadora y borracha, se había acabado. Se había acabado esa niña tonta que le decía SÍ a todo: ¿querés ir a Santa, a Andrés, a BBC? Sí de una; ¿Querés guarito, tequila o ron? Tequila, eso no se pregunta.

Hoy esta perspectiva, que es opuesta para muchos y cercana para pocos, me quitó la venda de los ojos y me permitió discernir lo que verdaderamente se esconde en esa Bogotá para rumbear, divertirse y tomarse unos tragos. 

Y es que detrás de toda esa música pegajosa, de esos cócteles exquisitos y de esos parches inolvidables, se esconde el letal vicio y la mortal tentación del alcoholismo, del sexo, de la drogadicción, de la idolatría.

Esa día, mientras caminaba por la 93, mis ojos no se interesaron por ver aquel ambiente maluco que me rodeaba. Simplemente decidí acelerar el paso, mientras miraba con cariño a mi hermano y a mis papás, que ya se me habían adelantado unos cinco metros.

Y esa noche me arrodille en el piso de mi cuarto  y tuve el enorme privilegio de agradecerle a Dios de haberme sacado de aquella Bogotá vespertina que todo el mundo exalta. Le agradezco de haberme librado de todas esas ataduras de vicio, que solo llevan a la perdición, una perdición envuelta en un papel de regalo que muchas veces recibí con agrado.

1 comentario:

  1. cata, este post me hizo flashback, totalmente de acuerdo con tus apreciaciones, tambien vivi ese mundo "fascinante" de las luces, elgalmour, la rumba, los "amigos" y hoy despues de eso , no puedo decir, "y lo gozado quien me lo quita?", porque el mi cuerpo las marcas de la noche y el "traguito", no desapareceran jamas... bien por ti, por tu presente y "brindo con el alma" por le mio...

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